La política de las emociones ...

Múltiples son los estudios hechos al respecto, y casi todos concluyen, que en la actualidad como casi siempre en la historia de los pueblos, los gobiernos y sus estructuras, democráticas o no, la gente necesitan creer en algo. En tiempos de crisis de valores –más fundados en la falla de las estructuras que los representan correctamente,que en los valores en si mismo- conceptos como la esperanza, el deseo o la voluntad cobran vitalidad.
Obama nos está ofreciendo un recital de triunfo de las emociones por encima de los hechos, de los discursos previstos de siempre. No me declaro con ellos un seguidor político de Obama, pero si un seguidor de su papel en la política actual. El mensaje de esperanza y cambio que lanza resuta atractivo, si más no, por la articulación que cobra. La profesionalización de su campaña le ha llevado a trabajar la poesía en sus discursos.
Se sabe que son los jóvenes y los más pobres –son los que huyen en una campaña de los datos más estadísticos o de las justificaciones que siguen argumentos lógicos-, son los grupos que más facilmente son persuadidos por las emociones. Las emociones que en publicidad comercial se identifican facilmente con el deseo, el amor, la esperanza, e incluso el sexo, o con la música y el baile.
Hace tiempo ya dije que la campaña de Obama, (ver post el sexo y las campañas de este blog) que Obama conjugaba en el aquello que los más jóvenes buscaban en la vida, y porqué no, en las campañas. Lo que hoy llaman fenómeno Obama, es conocido simplemente, como política de las emociones, donde quiera que vayas, solamente, que en esta ocasión, y de forma casi excepcional en la política, la encarna él, como lo supo hacer antes JFK o el tan nombrado en la campaña USA, Martin Luther King.
En fin, sea como sea, con más o menos argumentos de la gestión, el tener un político que siente, vibra, y hace sentir y vibrar se encontraba en falta en los escenarios electorales de todo el mundo, y ahora, Obama, nos brinda la posibilidad de poder hacerlo. Una campaña que nos ha llevado permanentemente entre el factor sorpresa y la emoción, que ha finalizado con el video de “Yes we can” que en un alarde de hacer un guiño a los actores y músicos progresistas de su país, ha conseguido triunfar en todos los espacios, televisivos, musicales e internautas habidos y por haber. Un video, que lejos de aburrir, anima, gusta y emociona, y eso, hace años que yo, sin vergüenza lo reconozco, no sentía.
Son muchos los que lo criticaban por su falta de discurso económico, migratorio, o estratégico en política internacional, incluso, he leido, y oido en primera persona como lo ninguneaban, pero ha conseguido algo más importante, hacer que una generación de gente, joven y no tan joven vuelva a creer en el sistema político, en su participación democrática y en las elecciones, y eso, no tiene precio, pero si valor.
Como dijo Antonio Machado en sus proverbios y cantares, “A la política como al amor, les viene bien un poquito de exageración”.